Mira mis dedos, no son tan largos como quisiera.
Los días ya no son tan interesantes, como hoy: te busqué con la vista, recorrí grandes distancias con la mirada: un par de autobuses, decenas de árboles, un montón de mujeres; y aun no he llegado a tu casa. Entro y no te encuentro ya tus hermanas me han dicho que estás con Javier, el actual cliente. Decido tocar tu puerta y oigo una voz gastada y ronca, no jodan, me dice.
No, no toques, me duele. Que ¿desde cuándo me duele? Desde hace poco, recuerdas qué confianza me tenías: me contabas tus memorias; entonces yo solía creer que me amabas, que me aceptabas. No, no lloro, es ésta tos que acarreo día a día; mira ¿ves? Antes la cajita tenía más, ahora ya no tantas por que te fuiste. Y si no me amabas, por qué te quedaste, por qué gastaste tu tiempo en mí; no, eso no hacen los amigos: yo no sería capaz de llegar a la casa de Miguel y ser su puta en turno, no, eso no hacen los amigos. En fin, me duele desde que sé que ya no resido en tu cabeza.
Te acuerdas de ésta, sí, era mi favorita, ya no lo es y todo por que pienso dártelo; sí, me trae malos recuerdos. Recuerdas ¿verdad? Sí, tú estabas sentada aquí mismo con el cuerpo encorvado, no, no lo he olvidado, te veías fea, como la mayoría de las veces. Toma, ésta la tomé de tu cajón, me recuerda a ti, me aferro a ella cuando te siento más lejana, cuando no logro estarme quieto; te confieso que no me he sentido tan solo como cuando estás conmigo, es como sentarme a ver el tiempo pasar frente a mí y caminar hacia atrás, así de absurdo. Percibo tu olor, cae poco a poco ese olor a hierba seca que me hace toser, te noto e intento salir rápidamente de tu cuarto, entonces, cuando me siento más seguro, es cuando empiezo a gritar tu nombre, igual que lo gritaba para azotarte.
Se hace tarde y si no tomo el autobús ahora, lo más seguro es que tenga que dormir en la calle y la calle, sabes, me causa pánico, apenas logré llegar acá en buen estado; preguntas que si me quedo, no soportaría estar a tu lado y saber que no existes, que no te tocaré, que no estarás junto a mí. Está bien, creo que puedo quedarme un poco más, descúbrete por favor; no, eso puedes dejártelo, ahora imagina que me tienes entre tus brazos, imagina que me importas y que yo lo daría todo por ti… sí, yo sé que es imposible que imagines eso, sobre todo cuando es cierto que me importas, que lo daría todo por ti, que me callo con un suspiro tuyo, que me tomaría una eternidad disfrutar de una mirada, de una sola mirada, desde rozar el brillo de tus ojos en mis labios hasta aquel ingrato pestañeo tuyo.
Siéntelo, en este momento mi corazón está menguando, está tratando de olvidar que la noche cayó, que está solo, que quizá ésta sea su última noche, su último recuerdo, su bastardo fin; sí, quizá esta noche sea eterna y mi corazón viva por el resto de esta ínfima noche.
Espera, acordamos que no, que hoy no me harías nada, que no saciarías conmigo tu sed de mal, es mejor que me vaya… tienes razón, no quiero irme pero tengo que hacerlo. No puedo quedarme a sabiendas de tu cuerpo intacto, aquí, cerca de mí. Me voy.