pos nomás me dieron ganas, ta cagado pero bueno… todos escriben sobre esto… así que pensé y porqué chingaos yo no???
Mis últimos cuatro pesos invertidos en un autobús que me llevaría de regreso al puente de la Caldera, pa’ venir escuchando pendejadas:
–2 de octubre no se olvida, esas son mamadas, chingaderas para no estudiar; haber, ¿Quién los manda a hacer tanto pinche alboroto? Si hasta muertos hubo…
Sólo tuve tiempo para mentarles la madre, pues descaradamente me habían tachado de “pinche ruquito mamador”. A mí que me quedo esta mugre pierna renga, después del corre carnal que ya trajeron munición; sólo me había dado tiempo de subir un par de escalones cuando una bala atravesó la pierna del compañero goyo arrastrándome hacia el piso y desgraciándome la rodilla, de milagro y ese día no me agarraron los pinches manos blanca, que se jalaron a la mayoría de mi grupo.
Aún recuerdo que ni siquiera desayuné por las prisas de la manifestación y bien recuerdo a mi jefecita diciéndome que no me metiera en problemas –jamás olvidaré como me la dejaron, tres plomazos en la cara –… salimos a prisa pues yo tenía los manifiestos que agilizarían al movimiento estudiantil, pa’ que de una vez hiciéramos eco por todo rincón existente en México. Sin más, llegamos entre gritos de protestas y unión estudiantil hasta la Plaza de las Tres Culturas en donde sólo notamos tres luces en el cielo y a toda la gente corriendo; sinceramente sólo recuerdo a gente corriendo y varios disparos a diestra y siniestra, nos escondimos como pudimos hasta ya entrada la noche, después de eso nos dirigíamos el goyo y yo, junto a otros tres que jamás había visto, hacia el edificio Chihuahua en donde casi rogamos que nos abrieran, eran cerca de las dos de la madrugada –hacía un frío de mierda –, entramos nosotros cinco para encontrarnos con un grupo similar, al llegar sólo atiné a esconder los manifiestos debajo de una de las camas; ahí nos alimentamos de lo que hubo, un montón de tortillas pasadas y una que otra fregadera enlatada, como pude logré salir de ahí, sin poder convencer al goyo de hacer lo mismo –lo mataron de dos plomazos, pues se resistió a la detención –, me fui entre los arbustos hasta mi casa en la colonia Tacuba, donde encontré a mi Jefa inerte y a mi perro merodeando la casa, tome unas cuantas cosas y me dirigí hacia Puebla, desde donde me enteré de las barbaries que cometió el gobierno. Una de las cosas más graves es que el gobierno no tolerara nuestra manera de pensar y respetara nuestra opinión, todo bien hubiera acabado si aquel gobierno no hubiese sido tan obstinado a tal punto de que para mitigarnos nos tuviera que amenazar con la vida, afortunadamente lo que creyó que acabaría ahí, ayudó a que el pueblo de México volteara a ver en que mundo tan jodido vivimos, ayudó al progreso estudiantil, nos mostró que no valemos un cacahuate, que el gobierno está a nuestra merced, pero es cierto, de eso sólo los ecos quedan, cada vez oigo más lejano aquel grito de rebeldía en la juventud, aquellas ganas de sobrevivir. Ésta juventud no se parece a la mía, está cada vez más apagada, más sorda, inevitablemente condenada al despilfarre.
Te acordás hermano qué tiempos aquellos,
eran otros hombres más hombres los nuestros.
Bien muchacho, bien, tal parece que va progresando!